FLORES DE VERANO
Un texto de una crudeza sin concesiones, Flores de verano, obra fundacional del género del genbaku bungaku o «literatura de la bomba» nace del epicentro mismo del horror. Tamiki Hara respiró el aire saturado de ceniza, vio derrumbarse no solo su ciudad, sino la idea misma de humanidad. Y lo narró todo sin anestesia, sin florituras. Ganadora del Premio Takitar? Minakami, esta obra es mucho más que un relato de la destrucción: es una narración que conserva, entre las ruinas, la dignidad de lo que se resiste a desaparecer. Prohibida durante años por la censura que impedía hablar del trauma atómico, Flores de verano es hoy un testimonio imprescindible del horror nuclear. Poco antes de suicidarse, en 1951, Hara escribió su último poema: «Grabado en piedra hace mucho, / perdido en la arena movediza, / en medio de un mundo que se derrumba, / la visión de una flor». Esa flor trémula, obstinada florece en este libro. Leerlo es no olvidarla.
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